Hoy, 27 de agosto de 2010, día de santa Mónica, propongo una pequeña reflexión sobre lo que ella sufrió. Comenzando por sus 55 años de sufrimiento y terminando con la conversión de su esposo y de su hijo, san Agustín.
Vivió en oración constante, ofreciendo pequeños sacrificios diarios y confiando que Dios obra cuando y como El decide. Su esposo tenía el carácter más fuerte y explosivo de su pueblo, aunque gracias a Dios y al silencio de Mónica, nunca le pegó. Era atéo y no soportaba verla rezando. Al final de su vida, tras años de oración por parte de santa Mónica, se convirtió, se bautizó y murió católico un año mas tarde.
San Agustín extendió ese sufrir hasta el final de la vida de santa Mónica. Era atéo, llevaba una vida llena de múltiples pecados y en general era la gran causa de la insesante oración de su madre. Llegó a pertenecer a una secta que negaba que el mundo fuese creado por Dios, sino por el diablo, así que su madre lo sacó de la casa. Tras años de hacer sufrir a su madre, san Agustín leyó un pasaje de san Pablo y tras conversaciones con su madre, decidió hacerse católico y bautizarse. Fue tal su conversión que es considerado uno de los solamente 33 doctores de la Iglesia católica. Santa Mónica descansó en paz poco despues de la conversión de su hijo.
Luego de este resumen, les aseguro que mi deseo de ponerme las pilas y empezar a rezar a diario aun no vence la pereza. Pero eso si, siendo hoy el día de las que llevan por nombre Mónica, puedo decir: felicidades a todas. Como dice mi abuelito: "Hay Monique, Monique; todas las Monique son especiales...". Yo le secundo.

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