Te extraño.
Como cuando dormimos sin tener un sueño,
como cuando hablamos y no te oigo
O cuando nos miramos y nos vemos en el reflejo.
Aceptar que no estás aquí,
que no quieres estar,
que prefieres evitar estar y cambias tu espacio
por ausencia.
Aunque desee tenerte al lado mío,
mi izquierda se pierde en el aire,
mi pensar desvaría en necedades
y tu rostro recala el momento perdido.
Desde el fondo encuentro un respiro,
lleno de alegría me le aferro,
conmovido por su esperanza me desbalanceo
al oler el aroma de tu pelo.
- -
Esos ojos que un día reclamé como míos,
no lo son.
Esos labios que te robé una y otra vez,
tampoco.
Esas mejillas y esa sonrisa, tan virgen y tan luminosa,
te las devuelvo.
Nunca fueron mías. Nunca lo serán.
Todo le pertenece a El.
Suyos son tus ojos y tus lágrimas, desvelos y asombros.
Suyos los labios heridos, tus palabras y tus alegrías.
Suyas tus mejillas, tu sonrisa, tu mudez, tu entereza: toda tú.